miércoles, 28 de octubre de 2009

Australia: Sydney



Australia¡¡¡ con propósito de  surfear, de lanzar un boomerang y que regrese, de abrazar un koala, y de patear esta “isla-continente” que ocupa un lugar solitario en el mundo y de arrepentirnos por probar su gastronomía…empezamos la aventura. A pesar de llegar con la misma ropa (deseando de pillar un bidón de gasolina y prenderla fuego). Podremos más que desgastar en casi 37.000 km de litoral, los bañadores comprados en NZ. Empezamos hablando de la fauna y flora, que anda con la columna erguida sobre sus cuartos traseros y se dedica a montar sus guateques en los Backpakers,…, pues bien este tipo de vertebrado ha cambiado en estilo de vida, cultura y dejando atrás vestimenta de agricultor, y se ponen su mejores galas para salir esta noche de viernes…(envidia por nuestra parte, que solo examinábamos de arriba a bajo a la people). La actividad nocturna es decididamente diferente a Nueva Zelanda.


La diversidad de alojamientos te hace perder como una hora en el aeropuerto, desde la noche feliz con vino y queso, hasta los que te ofrecen BBQ`s en la playa y la mejor experiencia en la noche de Sydney. En fin a nosotros nos llamaba más la atención la situación y su precio…por lo que hemos terminado en mitad de unas orgías de veinteañeros y de un enmoquetado edificio de época, con sirenas de ambulancia y luz de neón incluido (www.jollyswagman.com.au). Esto es un mero proceso de readaptación a dormir sin tener cuatro ruedas debajo de la cama.

Las previsiones del tiempo no son tan buenas como pensábamos a la hora de cómpranos los bañadores. Pero el primer día que nos hizo en Sydney fue radiante, al que sacamos nuestro mejor partido, salimos del alojamiento con muchas ganas de ver presencialmente la Opera. No nos decepciona. En definitiva, no se puede definir después de haberla visto tantas veces en los medios. Llegamos cruzando el Royal Botanic Gardens, donde acostumbrados en España, a ver harapientas palomas, y algún gorrión, nos sorprenden unas raras garzas, ninfas, loros y enormes flyfox (vampiros) plagando las copas de los árboles.
 Impresiona como se levantan los rascacielos a rás del puerto, en el barrio de Rocks (meca del turismo) adsorbiendo los históricos y coloniales edificios. En lo que llevamos de tiempo podríamos decir que es otra ciudad de nuestro gusto para iniciar una nueva vida. A esta sociedad se le ve que el trabajo no es primordial, que la vida hay que aprovecharla al máximo, preferiblemente al exterior, disfrutando de la comida, bebida y viviendo el deporte con interés.
 Aún mejoran las vistas panorámicas de la Opera, al cruzar el Harbour Bridge, que une una costa de la bahía con el otro barrio residencial de Kirribilli. Desde cualquier punto se divisa la “Sydney Tower” (3º más alto del hemisferio sur) y si te ves perdido entre rascacielos solo debes alzar la vista para localizarlo y situarte.
 Si echábamos en falta el dinamismo y la sobre estimulación de las ciudades, lo hemos encontrado de golpe. Casi todos los australianos tienen un antepasado carcelario tiene pinta de ser verdad, no hace falta perderse en barrios bajos, para ver diversidad de gente, desde vagabundos aborígenes (que no se han podido adaptar bien a esta nueva sociedad impuesta, marcada por el racismo), hasta tíos de dos por dos, que dan miedo (…no para un valiente madrileño reencarnación del cocodrilo Dundee).

Seguimos con nuestros días y nuestras historias,..,tras tres intentos fallidos, por fin pudimos quedar con la family (con la prima Vicky), si ya es difícil poder quedar con nosotros en España…imaginaros a la otra punta del mundo. Realmente te olvidas de donde estás y se te hace cercano el hogar.

El resto de días ha hecho bastante mal tiempo así que como la ciudad tampoco da para tantas vueltas hemos estado más de relax y con tiempo para planificar nuestra ruta por Australia, Sydney esta echa para vivir, después de dos parques, tres playas, cuatro barrios y cinco días, no podemos sacar más partido a la ciudad.
Hoy ha quedado roto el mito “del tío bueno cuadriculado australiano”, esta fauna solo sale los findes a cabalgar las olas. En diario, solo quedan los mortales con barriga cervecera con el traje de neopreno de su hermano pequeño,…, nos hubiera gustado ver la estampa de Bondi Beach  salpicada de estas piezas cuadradas del tetris, y el típico socorrista con el gorro y marcapaquetes.  A falta de esto, solo teníamos el socorrista becario que para moverse utilizaba un quad con megáfono y que por desgracia le encantaba utilizar riñendo a todo el mundo y estas butifarras sobre la tabla de surf, haciendo lo imposible por no caerse. Vimos que no iban a ser unos buenos métodos didácticos para nuestro empírico y autosuficiente aprendizaje, para poder por lo menos estar vertical en una tabla. Pero no desistimos, tenemos la esperanza de que con todo el tiempo que estaremos por aquí, veremos a los míticos surfistas!
El transporte es algo caro, pero si eres estudiante te hacen un descuento de un 80%, por lo que a pesar de la barba de días y la cara de de doctora con carrera terminada hace más de cinco años…, nos transformábamos con mochila incluida y coletas a los lados….en unos aplicados estudiantes. El último día hasta cogimos uno de los ferris que recorren las diversas bahías.
Tras nuestra estática visita a la ciudad nos toca partir con nuestra nueva furgo!!!

Hemos decidido subvencionarnos mediante,  patrocinios o retos (claro esta, bajo cláusula y letra pequeña), para realizar lo que nos propongáis de forma interactiva, eso si dejando una bondadosa donación a la causa, que estimaremos según el reto.

Ejemplos posibles:
Pintarnos en cualquier parte nombre o dedicatoria, felicitación… detrás del escenario escogido, nadar con tiburones, abrazar a un canguro, cortarles las uñas de los pies a un koala, disfrazarnos de lo que mandéis…

Ejemplos no posibles:
Raparme la cabeza y bailar como una peonza, meter la mano dentro de la boca de un aborigen, tirar cincuenta dólares al mar…

Letra pequeña: nosotros decidiremos lo racionalidad e integridad para nuestro cuerpo de la propuesta, si conocéis la ruta que nos queda…ya tenéis diferentes escenarios y formas de put..e…ar..nos. No aceptaremos cifras por debajo de 2 (3) digitos y sin comas. Si conseguimos el reto y en 24 horas hábiles, no recibimos la cantidad, el endeudado por la causa será castigado con la deshonra de 10 años de abuso de correo máximo, soy informático y puedo utilizarlo.  


Muchas gracias por la colaboración!!! …Y por favor que alguien nos explique como un Alaska malamute puede conducir una ranchera.

jueves, 22 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Sur (Última Parte)

Las reflexiones sobre estos días son mejores si antes te has podido dar una sauna y baño caliente, siiiii…sauna en mitad de monte Cook (el de la foto superior), no esta nada mal para nuestro nivel de vida, en este post nos extenderemos con la fauna ya que nos han hecho pasar buenos ratos. Aunque nos quedan muchos meses de viaje y saber que solo hasta ahora conocemos el 7 por ciento del no tan pequeño planeta, cada escenario nuevo nos parece más fantástico que el anterior sin meditarlo demasiado.

Aun sin pillar nuestro plan de relax, nos dirigimos al sur de la isla para integrarnos con la fauna, ya sea ovejas (para darnos cuenta que es el mamífero más estúpido que hay), con leones marinos a lo San Fermín, focas leopardo, o pingüinos de ojos amarillos.


Desde Te Anau nos dirigimos al sur hasta Invercargill y de allí a Bluff,el pueblo pesquero que conforma la parte más sur de la isla (nunca estaremos tan cerca de la Antártida, a menos que nos de el venazo de ir…estamos a 4000km del Polo Sur).Es un cabo ventoso pero desde el que podemos ver la Isla Stewart y algunas más. Después seguimos por la carretera escénica y abrupta de los “Catlins” para ir realizando las visitas de los puntos turísticos (mayormente cabos con faros). Todo esto con el encanto de no haber nadie (cosa que no tiene precio), en una de estas playas y por la falta de cultura de los leones marinos, nos vimos literalmente perseguidos unos metros por un ejemplar macho de 500 km, yo ya me lo veía encima desgarrándome la ropa… Así tan parados se les ve un poco torpes, pero los miuras estos se ponen a cuatro aletas y cabalgan en la arena gruñendo, fue nuestro particular San Fermín. En nuestro camino a visitar un bosque jurásico fosilizado, pudimos juguetear con unas cuantas ovejas, deseosas que nos marcháramos de su  espacio vital, en fin dan tanto juego estos animalitos…

 Sin perder un solo minuto más, y con el tiempo pegado a los talones, intentamos visitar una colonia de pingüinos que tienen sus horas de entrada y salida marcados, avistarlos es todo un ritual, solo se ven al amanecer cuando salen al mar o al anochecer cuando vuelven de pescar. Estos expertos escaladores llegan a subir colinas con una pendiente considerable que a cualquiera de nosotros ya nos costaría, para subir hasta los nidos. Nosotros sin paciencia y llegando un poco tarde no los pudimos ver por la noche, así que hicimos noche en la playa para poder levantarnos  alegremente a las 6. Teníamos tal emoción que teníamos uno plantado delante de nosotros que no fuimos capaces de verlo hasta que inició la marcha. Después fueron saliendo grupos de tres hacia la playa. Es muy gracioso ver como pendulean de un lado a otro de forma patosa.

 Siguiendo la ruta del pingüino, ya subiendo por la costa este, fuimos a la península de Otago, donde no solo ves pingüinos sino que mientras esperas a su llegada te puedes entretener con las focas y leones marinos. Que aún sin aprender su comportamiento nos tocó echar a correr por la arena al ser perseguidos por otro. Este bicho se obsesionó con Sara al llevar un atuendo oscuro con capucha que imitaba la silueta de uno de ellos, y por mucho que yo me ponía en medio con el rabo entre las piernas, solo la perseguía a ella. Aún nos queda por averiguar si era territorialidad o bien un amor a primera vista del león, al estilizado cuerpo de Sara…. Love is in the air.
 
La espera del pingüino se hace larga, estos no tienen la puntualidad inglesa y te pueden dar las horas y solo ver un par de ellos.
 Fuimos afortunados, al poder ver una foca leopardo, ya que solo hay tres, que consten en Nueva Zelanda, pertenece a la Antártida y es muy rara verla. Realmente es diferente al resto de las focas con cara juguetona, esta mide casi el doble y tiene la cara de un pitbull, con una mandíbula similar al del leopardo al igual que el moteado de la piel. Y tan ilusos nos acercamos a menos de 2 metros sin saber que es la más peligrosa de todas. Realmente es una imagen siniestra ver cuando bostezaba, la dentadura y  el paladar lleno de sangre de algún desafortunado pingüino. Esta colonia de pingüinos ni punto de comparación con la anterior.

Seguimos carretera con paisajes que son difíciles de describir, siendo muy difícil de plasmar la realidad en las fotografías. Al igual los pueblos que pasamos, siempre son casas bajas, las calles suelen estar desiertas, y extenderse dos ó tres calles en paralelo a la carretera principal. Nada de edificios altos y ruido ambiental, es difícil hacerse una idea sin vivirlo. A partir de las 5pm, la vida desaparece.
  Otro lugar interesante en el que hicimos un alto fueron las Moeraki Boulders. Para ver, pisar, saltar, escalar, unas perfectas y esféricas piedras, como cual cosa tirada en la playa, estas enormes pelotas de fútbol están formadas por la acción del agua sobre la roca sedimentaria del acantilado, creados a partir de sustancias químicas cristalizadas en torno de un núcleo (como una perla), en fin una obra de arte de dos metros de diámetro y siete toneladas.
 De aquí llegamos a Oamaru donde nos hizo gracia visitar un centro de pingüinos azules ( también únicos de Nueva Zelanda), donde podías espiarles en su madriguera a través de un cristal (un cristal muy poroso, ya que la fragancia que despedían era para tumbar a cualquier león marino…) Son los más pequeños, solo pesan 1Kg y si te descuidas los podías pisar…están evidentemente protegidos.
 Habiendo recorrido ya toda la costa, decidimos adentrarnos hacia el interior y acceder a los Alpes desde la otra vertiente  pasando por el lago Pukaki y el Tekapo, que son distinguidos por su color azul intenso debido a las partículas arrastradas por el agua del glaciar.
 Y es que había más glaciares! Fuimos por una carretera hasta la base del Monte Cook. Desde allí hicimos 2 excursiones. La primera por una pista de arena nos acercamos a la base del Glaciar Tasman (el más largo de Nueva Zelanda, 23km) y luego a pie llegamos al lago del glaciar que estaba salpicado por icebergs. Decidimos pasar noche en el valle Hooker rodeados de picos nevados.
 …..Es increíble salir a plena noche y mirar el cielo estrellado marcado con la estrella del Sur, y la Vía Láctea Despiertos con la decisión de salir de la furgoneta e iniciar el treck más popular por las increíbles vistas al monte Cook, tuvimos la sorpresa de que por la noche, no había llovido sino nevado, por lo que con mas de cuatro capas y un calcetín sobre otro iniciamos nuestro ascenso hasta el monte, haciéndonos luego más tarde uno de los mejores días soleados. Incluso improvisamos una playa a pie de glaciar, no con el glamour de estar con arena fina y bañador, pero nos dio tiempo para respirar la paz que desprendía el sitio. Hicimos una gigante bola con la ropa que nos sobraba y dándola patadas regresamos al campamento base.


Teniendo un día extra, decidimos acercarnos al sitio inhóspito que sirvió de emplazamiento en El Señor de los Anillos, donde estuvo Edoras, el castillo del reino de Rohan. Pasamos por carreteras cada vez peores pero al final llegamos al valle del lugar y aunque no quedaba rastro de él, el monte era perfectamente reconocible…ni atisbo de presencia humana, valió la pena. Ni los orcos ni los trolls nos impidieron subirlo fue un río de mi… ya que sus frías aguas nos impusieron más.

En fin este día extra fue debido porque nuestra joya con ruedas, le dio por no abrirse el portón trasero, y no hubiera sido importante, sino tenemos en cuenta que nuestro almacén de comida era inaccesible. Por lo que la desesperación nos hizo acercarla a un taller, y el tío tenia un master en aperturas de puertas…y se tiro casi tres horas para quitar un tornillo. En compensación pedimos otro día más.
Partimos de regreso a Christchurch para devolver la furgoneta después de 16 días y dirigirnos al aeropuerto.
 Andamos como en otro planeta, estos últimos 30 días han significado cambios en nuestras rutinas, nuestras emociones se han revuelto poniendo las aventuras a merced del tiempo, del clima, de los gastos y de los imprevistos. Estos días han sido reales y siempre a nuestro antojo, sin no poder decir que estamos escribiendo frente al mundo. Porque nuestra obra es el momento presente, y no queremos pensar en los futuros ni pasados, escenarios, ciudades ó rincones perdidos. Despedimos este capitulo, para iniciar otra nueva y larga temperada en Australia.

jueves, 15 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Sur (2ª Parte)

Nos levantamos con sol un día más y unas bonitas vistas del valle de Haast. Hoy hemos dormido en medio de la montaña, en un campground básico del DOC (departamento de conservación, omnipresentes aquí y los que cuidan y ven todo aquí). Desayunamos como nos gusta en uno de tantos miradores viendo el lago Wanaka que es el 4º más grande del país y tiene hasta 400m de profundidad. Nos dirigimos al pueblo que le da nombre siguiendo por la carretera pegados al lago. Wanaka es base de otro parque nacional con pistas de esquí. Aquí nos animamos a subir a un pequeño (que de pequeño tuvo lo que yo de cura) monte para poder ver los 2 lagos en paralelo, que evidentemente los podíamos ver en la guía, pero como siempre que vemos un camino, nos metemos…, este no era menos y nos relajamos bien al llegar arriba.
Desde aquí y por otro puerto de montaña (Nueva Zelanda es una montaña rusa y sin bajar del coche ya se disfruta a tope) y entre ovejas y vacas, llegamos a Queenstown, segunda ciudad de la isla sur, también al pie de un lago inmenso y encuadrada por “The Remarkables” unas escarpadas montañas donde hay varias estaciones de esquí.


Antes visitamos un pequeño pueblo, Arrowtown surgido con la fiebre del oro (aquí también caló fuerte el hallazgo de oro) con curiosas casas temáticas de la época.
Finalmente decidimos llegar hasta Te Anau, el pueblo base de Fiordland, el parque nacional de los fiordos y lugar tan esperado por nosotros para conocer. Dormimos al pie de su lago (otro distinto y no menos bonito) (ahora si, quien dice al pie del lago, dice medio pie en el camping free y otro medio en la calle) preparándonos para la gran excursión de mañana.
Aquí teneís vuestro famoso Kea.

Empiezo el día haciendo más ejercicio que nunca,…, por “alguna causa desconocida” después de hablar con la family por el skype robándole la wifi al vecino de turno, nos quedamos sin batería, así que hicieron falta dos empujes para arrancarla, el primero a mi compañera de penurias se le olvidó meter segunda,  así que iba tan pancha paseando por la calle (ligeramente cuesta arriba),  y el segundo tras mi tortura y jadeos lo hizo bien, aun pienso que lo hizo aposta por hacerle fregar por la noche…y contando que no es un micra, he tenido mi desgaste diario. La furgoneta ya nos gusta más y es divertido como los guiris te hacen fotos....podríamos hacer tours del Señor de los Anillos, seguramente colaría.
Recorremos una impresionante carretera de 100km desde Te Anau hasta el Milford Sound que es el inicio del único fiordo accesible por carretera. El día es lluvioso y a medida que cruzamos las montañas vemos muchísimas cascadas que caen improvisadas de los picos y paramos a hacer pequeños paseos por los caminos que recomiendan para ver más ríos y cascadas. El bosque aquí es tan húmedo que los árboles están totalmente cubiertos de musgo de arriba a bajo, la vegetación es densísima y las raíces son tan grandes que podrías cobijarte bajo ellas. Luego te enteras que estas raíces y el peso de la vegetación son las que sujetan la tierra de tanta agua.
Al llegar, decidimos hacer el crucero por el fiordo de 1h y  media hasta el mar de Tasmania para disfrutar de su belleza en estado natural. Las paredes son tan altas y verticales que otro acceso es imposible. Las cascadas miden más de 200 metros!

El  trayecto es entre verticales y miles de cascadas que lloran de las paredes, dos de cada tres días llueve…y con nuestra suerte nos ha llovido, pero como ellos te lo venden…tiene mucho más realismo viéndolo tan siniestro, que es como habitualmente está y no con un sol radiante ya que entonces no hay casi cascadas. Es tanta el agua que cae que la capa de agua superficial es dulce hasta en 7 metros para luego ser salada.

La excursión ha sido fantástica, hemos disfrutado del agua como nunca,  terminando calados debajo de una gran cascada en donde el barco penetraba. Hemos cogido la compañía más económica (realmente solo hay unos 10 dolares NZ de diferencia), y a pesar de no tener unos lujos como los otros catamaranes, se lo han montado mejor, incluso con un catering free, improvisado gracias al morro español.

Por la noche nos animamos a salir al único pub de la aldea, donde hacen un homenaje al  Oktoberfest, con la conclusión que la próxima fiesta de disfraces lo haré de tirolés…verlos para creerlo. La única preocupación que teníamos era recorrer al día siguiente 120 km, con menos de un cuarto de gasolina, y sabiendo que realizar una conducción económica para mi es un reto. En fin, pensando como hacerlo nos dimos a la bebida en un 4x2, que nos sacamos de la manga, nosotros y otra pareja de catalanes que conocimos. Al final, entre conversaciones atropelladas con ganas de contar cada uno las diferentes experiencias y la música en directo, acabamos afónicos y con muy buen rollo.

Nueva mañana y un sol inesperado nos deja ver la bonita entrada del fiordo. Ya de vuelta pudimos ir parando y apreciar mejor la magnitud de las montañas. Antes de renunciar a los track alpinos, hicimos uno ( Key Summit ) que terminaba en la cumbre donde divisabas 3 valles de los Alpes con sus picos nevados y la huella dejada por antiguos glaciares.
De bajada vimos como son los refugios de montaña neocelandeses y están superequipados y preparados por las muchas travesías de varios días que hay en los parques nacionales.

Por la tarde descansamos y planeamos nuestra siguiente etapa hasta la costa más sur de la isla.



martes, 13 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Sur (1ª parte)

En nuestra llegada a Christchurch, nos sorprende un buen tiempo, ilusos de nosotros que pensábamos que nos iba a durar toda nuestra estancia,…, y como no, en cuanto pisamos la calle para salir animados para cenar y tomar unas pintas, el tiempo que nos despidió del norte volvió con el frió invernal. Eso si, en la primera tienda que entramos con intención de comprar ropa de abrigo, al final salimos con un par de bañadores (esta filosofía mediterránea no será muy útil casi a solo tres mil kilómetros del Polo Sur).

Al día siguiente recogimos, la nueva caravan-house, para partir hacia el norte de la Isla (pensando que haría mejor tiempo), en fin otra vez a adaptarnos a otra cama con ruedas. En principio es más moderna que la anterior, pero estábamos ya tan adaptados a esa, que nos ha resultado más difícil mirarla con buenos ojos, por lo menos a mi,… De momento la muy p…, nos ha dejado encallados en un arcén, ha asesinado ó dejado mal heridos a dos pajaros, no nos carga el adaptador que compramos para el portátil, la nevera es de coña, y la cama es un tetris pero faltando piezas. La dejaremos unos días más para mostrarnos su potencial. Lo bueno, que ya tiene nombre, se llama “Gollum”, ya veréis porqué. Tiene un libro dentro donde explica detalladamente como llegar a todos los puntos de grabación de El Señor de los anillos, lo pondremos en práctica.
Deseosos de ir a ver ballenas fuimos hasta Kaikoura lugar privilegiado donde residen por su cañón submarino que las abastece de comida. Magnificando el momento, fuimos cargados de buen rollo, hasta el momento de verla, que la tía era tan vaga que solo respiraba flotando y se sumergía, este tipo de ballena (Sperm Whale o cachalote, su nombre viene a que los mononeurona de los balleneros, confundían el aceite que tienen en su cabeza, unas 2,5 toneladas, con este preciado y viscoso liquido). Miden hasta 18 metros y se alimentan en el fondo del mar, por eso solo podíamos verla cuando salía a respirar cada media hora. Lo mejor, la enorme cola cuando se sumergía. Estos son los momentos que se te quedan grabados en la retina, y más aun si la batería de la cámara te deja colgado, en fin cosas del directo.
Siguiendo en ruta en una carretera escénica pegada al mar, una vez más, paramos a ver las colonias de focas. Te podías acercar a ellas (sin respirar de lo mal que huelen), es curiosa la forma de gruñirte cuando invades su espacio vital, pero contábamos que éramos más rápidos que ellas si se ponían a perseguimos como hienas salvajes. Pero lo mejor fue cuando nos metimos en un camino en el bosque para ver una cascada y que sorpresa la nuestra al ver que debajo de la cascada se estaban bañando unas 10 crías de foca, jugando y pasándoselo pipa. Eran muy graciosas y se acercaban curiosas al salpicarles. Juanjo (el hombre que no siente el frío) se descalzó y se metió en el río helado para tocarlas mejor, y tener su protagonismo en este capitulo de vida salvaje. Tuvo suerte que no confundieron sus dedos con gusanitos. Vimos una que flotaba hinchada e inmóvil y tras los primeros contactos con la mano, Juanjo con un palo la pinchó (lo tiene que tocar todo) y la pobrecita despertó de su plácido sueño para mirarlo con mala cara. Después de dejarnos de sentir las manos y las piernas por el frío, proseguimos la marcha.

Nos estamos dando cuenta que estamos desarrollando el síndrome del viajero, con tendencias vagabundas, esto quiere decir que tenemos la impresión que siempre llevamos la misma ropa, que no dependemos de un horario y nos dejamos llevar por el biorritmo. Esto realmente es para que os compadezcáis de nosotros e ingreséis en nuestra cuenta una donación, para seguir contándoos más aventuras.
Nuestra siguiente visita fue el parque nacional Abel Tasman por donde anduvimos más que nunca y dimos por extinguido el kiwi. Si en 26km andando y 2 gateando no lo vimos en pleno bosque salvaje, confirmamos empíricamente, que esta extinguido que sólo vive en cautividad. Era un camino por el bosque, bordeando la costa de playas doradas y vírgenes que para completarlo se necesitan 4 días. Nosotros hicimos la ida de la 1ª etapa (4h) descansamos tirados en una playa disfrutando del sol tan escaso por aquí y luego volvimos. Se hizo muy larga, pero por suerte llegamos con aún luz del sol….y con los pies hechos polvo medio fundidos con la suela de la bota. Ocho horas de paseo pero fue otro reto y valió la pena.
Al día siguiente seguimos en ruta, ya hacia el sur, por la costa oeste para llegar al parque nacional de Paparoa donde a parte de los bosques con densa vegetación subtropical, tiene acantilados altísimos y una costa característica por sus “pancakes”. Son rocas calizas que por la erosión continua parecen tortitas amontonadas siendo muy altas y formando columnas polimorfas en el mar. Hoy hicimos treks cortitos porque los pies se notaban, como el Truman track que atravesaba el bosque hasta una playa solitaria rodeada de cavernas, y algún mirador más. Todo esto acompañado de nuevo por un sol radiante hacía de esta carretera costera una gozada.
Por la tarde llegamos al pie del Glaciar Franz Josef con ganas de explorarlo mañana (en bañador…jejeje) todo lo que podamos. Topamos con el juguetón loro alpino (Kea), que cuando se aburrió de nosotros se las piró.

Es curioso poder visitar un bosque tropical y tener a 300 metros del nivel del mar, un glaciar, y a falta de uno, vemos dos, el Franz Josef y el Fox . Estamos a sólo 20km de la costa y estos 2 glaciares separados por una montaña son imponentes. Han retrocedido mucho con los años, te lo marcan y ves fotos, aunque del 1975 al 2000 tuvieron un ligero avance. Una vez más dedicamos el día a hacer caminatas, llegando hasta el final de la lengua de los 2 glaciares. Caminas por la base del río que sale del glaciar por un montón de piedras erosionadas por éste hasta tocar el propio hielo. Claro está, las prohibiciones del paso empezaban 80 metros más atrás, pero estando tan cerca te dan ganas de tocarlo. Tuvimos suerte de hacerlo a primera hora de la mañana ya que a la vuelta parecía Las Ramblas. Sin duda alguna ha sido unos de los treck más pintorescos que hemos realizado. Tenía muchísimas expectativas acerca de esta zona, y fue este el primer impacto que me dio.
Después rodeamos el lago Matheson por un camino entre el bosque, que ofrecía vistas de los picos más altos de los Alpes del Sur (monte Cook y Tasman de unos 3000m).
A partir de aquí seguimos en ruta por el sur viendo algunas bahías de playas salvajes con un sol de atardecer que las hace aún más bonitas. Nos sigue impresionando todo lo que vemos, el paisaje es increíble.