jueves, 15 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Sur (2ª Parte)

Nos levantamos con sol un día más y unas bonitas vistas del valle de Haast. Hoy hemos dormido en medio de la montaña, en un campground básico del DOC (departamento de conservación, omnipresentes aquí y los que cuidan y ven todo aquí). Desayunamos como nos gusta en uno de tantos miradores viendo el lago Wanaka que es el 4º más grande del país y tiene hasta 400m de profundidad. Nos dirigimos al pueblo que le da nombre siguiendo por la carretera pegados al lago. Wanaka es base de otro parque nacional con pistas de esquí. Aquí nos animamos a subir a un pequeño (que de pequeño tuvo lo que yo de cura) monte para poder ver los 2 lagos en paralelo, que evidentemente los podíamos ver en la guía, pero como siempre que vemos un camino, nos metemos…, este no era menos y nos relajamos bien al llegar arriba.
Desde aquí y por otro puerto de montaña (Nueva Zelanda es una montaña rusa y sin bajar del coche ya se disfruta a tope) y entre ovejas y vacas, llegamos a Queenstown, segunda ciudad de la isla sur, también al pie de un lago inmenso y encuadrada por “The Remarkables” unas escarpadas montañas donde hay varias estaciones de esquí.


Antes visitamos un pequeño pueblo, Arrowtown surgido con la fiebre del oro (aquí también caló fuerte el hallazgo de oro) con curiosas casas temáticas de la época.
Finalmente decidimos llegar hasta Te Anau, el pueblo base de Fiordland, el parque nacional de los fiordos y lugar tan esperado por nosotros para conocer. Dormimos al pie de su lago (otro distinto y no menos bonito) (ahora si, quien dice al pie del lago, dice medio pie en el camping free y otro medio en la calle) preparándonos para la gran excursión de mañana.
Aquí teneís vuestro famoso Kea.

Empiezo el día haciendo más ejercicio que nunca,…, por “alguna causa desconocida” después de hablar con la family por el skype robándole la wifi al vecino de turno, nos quedamos sin batería, así que hicieron falta dos empujes para arrancarla, el primero a mi compañera de penurias se le olvidó meter segunda,  así que iba tan pancha paseando por la calle (ligeramente cuesta arriba),  y el segundo tras mi tortura y jadeos lo hizo bien, aun pienso que lo hizo aposta por hacerle fregar por la noche…y contando que no es un micra, he tenido mi desgaste diario. La furgoneta ya nos gusta más y es divertido como los guiris te hacen fotos....podríamos hacer tours del Señor de los Anillos, seguramente colaría.
Recorremos una impresionante carretera de 100km desde Te Anau hasta el Milford Sound que es el inicio del único fiordo accesible por carretera. El día es lluvioso y a medida que cruzamos las montañas vemos muchísimas cascadas que caen improvisadas de los picos y paramos a hacer pequeños paseos por los caminos que recomiendan para ver más ríos y cascadas. El bosque aquí es tan húmedo que los árboles están totalmente cubiertos de musgo de arriba a bajo, la vegetación es densísima y las raíces son tan grandes que podrías cobijarte bajo ellas. Luego te enteras que estas raíces y el peso de la vegetación son las que sujetan la tierra de tanta agua.
Al llegar, decidimos hacer el crucero por el fiordo de 1h y  media hasta el mar de Tasmania para disfrutar de su belleza en estado natural. Las paredes son tan altas y verticales que otro acceso es imposible. Las cascadas miden más de 200 metros!

El  trayecto es entre verticales y miles de cascadas que lloran de las paredes, dos de cada tres días llueve…y con nuestra suerte nos ha llovido, pero como ellos te lo venden…tiene mucho más realismo viéndolo tan siniestro, que es como habitualmente está y no con un sol radiante ya que entonces no hay casi cascadas. Es tanta el agua que cae que la capa de agua superficial es dulce hasta en 7 metros para luego ser salada.

La excursión ha sido fantástica, hemos disfrutado del agua como nunca,  terminando calados debajo de una gran cascada en donde el barco penetraba. Hemos cogido la compañía más económica (realmente solo hay unos 10 dolares NZ de diferencia), y a pesar de no tener unos lujos como los otros catamaranes, se lo han montado mejor, incluso con un catering free, improvisado gracias al morro español.

Por la noche nos animamos a salir al único pub de la aldea, donde hacen un homenaje al  Oktoberfest, con la conclusión que la próxima fiesta de disfraces lo haré de tirolés…verlos para creerlo. La única preocupación que teníamos era recorrer al día siguiente 120 km, con menos de un cuarto de gasolina, y sabiendo que realizar una conducción económica para mi es un reto. En fin, pensando como hacerlo nos dimos a la bebida en un 4x2, que nos sacamos de la manga, nosotros y otra pareja de catalanes que conocimos. Al final, entre conversaciones atropelladas con ganas de contar cada uno las diferentes experiencias y la música en directo, acabamos afónicos y con muy buen rollo.

Nueva mañana y un sol inesperado nos deja ver la bonita entrada del fiordo. Ya de vuelta pudimos ir parando y apreciar mejor la magnitud de las montañas. Antes de renunciar a los track alpinos, hicimos uno ( Key Summit ) que terminaba en la cumbre donde divisabas 3 valles de los Alpes con sus picos nevados y la huella dejada por antiguos glaciares.
De bajada vimos como son los refugios de montaña neocelandeses y están superequipados y preparados por las muchas travesías de varios días que hay en los parques nacionales.

Por la tarde descansamos y planeamos nuestra siguiente etapa hasta la costa más sur de la isla.



martes, 13 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Sur (1ª parte)

En nuestra llegada a Christchurch, nos sorprende un buen tiempo, ilusos de nosotros que pensábamos que nos iba a durar toda nuestra estancia,…, y como no, en cuanto pisamos la calle para salir animados para cenar y tomar unas pintas, el tiempo que nos despidió del norte volvió con el frió invernal. Eso si, en la primera tienda que entramos con intención de comprar ropa de abrigo, al final salimos con un par de bañadores (esta filosofía mediterránea no será muy útil casi a solo tres mil kilómetros del Polo Sur).

Al día siguiente recogimos, la nueva caravan-house, para partir hacia el norte de la Isla (pensando que haría mejor tiempo), en fin otra vez a adaptarnos a otra cama con ruedas. En principio es más moderna que la anterior, pero estábamos ya tan adaptados a esa, que nos ha resultado más difícil mirarla con buenos ojos, por lo menos a mi,… De momento la muy p…, nos ha dejado encallados en un arcén, ha asesinado ó dejado mal heridos a dos pajaros, no nos carga el adaptador que compramos para el portátil, la nevera es de coña, y la cama es un tetris pero faltando piezas. La dejaremos unos días más para mostrarnos su potencial. Lo bueno, que ya tiene nombre, se llama “Gollum”, ya veréis porqué. Tiene un libro dentro donde explica detalladamente como llegar a todos los puntos de grabación de El Señor de los anillos, lo pondremos en práctica.
Deseosos de ir a ver ballenas fuimos hasta Kaikoura lugar privilegiado donde residen por su cañón submarino que las abastece de comida. Magnificando el momento, fuimos cargados de buen rollo, hasta el momento de verla, que la tía era tan vaga que solo respiraba flotando y se sumergía, este tipo de ballena (Sperm Whale o cachalote, su nombre viene a que los mononeurona de los balleneros, confundían el aceite que tienen en su cabeza, unas 2,5 toneladas, con este preciado y viscoso liquido). Miden hasta 18 metros y se alimentan en el fondo del mar, por eso solo podíamos verla cuando salía a respirar cada media hora. Lo mejor, la enorme cola cuando se sumergía. Estos son los momentos que se te quedan grabados en la retina, y más aun si la batería de la cámara te deja colgado, en fin cosas del directo.
Siguiendo en ruta en una carretera escénica pegada al mar, una vez más, paramos a ver las colonias de focas. Te podías acercar a ellas (sin respirar de lo mal que huelen), es curiosa la forma de gruñirte cuando invades su espacio vital, pero contábamos que éramos más rápidos que ellas si se ponían a perseguimos como hienas salvajes. Pero lo mejor fue cuando nos metimos en un camino en el bosque para ver una cascada y que sorpresa la nuestra al ver que debajo de la cascada se estaban bañando unas 10 crías de foca, jugando y pasándoselo pipa. Eran muy graciosas y se acercaban curiosas al salpicarles. Juanjo (el hombre que no siente el frío) se descalzó y se metió en el río helado para tocarlas mejor, y tener su protagonismo en este capitulo de vida salvaje. Tuvo suerte que no confundieron sus dedos con gusanitos. Vimos una que flotaba hinchada e inmóvil y tras los primeros contactos con la mano, Juanjo con un palo la pinchó (lo tiene que tocar todo) y la pobrecita despertó de su plácido sueño para mirarlo con mala cara. Después de dejarnos de sentir las manos y las piernas por el frío, proseguimos la marcha.

Nos estamos dando cuenta que estamos desarrollando el síndrome del viajero, con tendencias vagabundas, esto quiere decir que tenemos la impresión que siempre llevamos la misma ropa, que no dependemos de un horario y nos dejamos llevar por el biorritmo. Esto realmente es para que os compadezcáis de nosotros e ingreséis en nuestra cuenta una donación, para seguir contándoos más aventuras.
Nuestra siguiente visita fue el parque nacional Abel Tasman por donde anduvimos más que nunca y dimos por extinguido el kiwi. Si en 26km andando y 2 gateando no lo vimos en pleno bosque salvaje, confirmamos empíricamente, que esta extinguido que sólo vive en cautividad. Era un camino por el bosque, bordeando la costa de playas doradas y vírgenes que para completarlo se necesitan 4 días. Nosotros hicimos la ida de la 1ª etapa (4h) descansamos tirados en una playa disfrutando del sol tan escaso por aquí y luego volvimos. Se hizo muy larga, pero por suerte llegamos con aún luz del sol….y con los pies hechos polvo medio fundidos con la suela de la bota. Ocho horas de paseo pero fue otro reto y valió la pena.
Al día siguiente seguimos en ruta, ya hacia el sur, por la costa oeste para llegar al parque nacional de Paparoa donde a parte de los bosques con densa vegetación subtropical, tiene acantilados altísimos y una costa característica por sus “pancakes”. Son rocas calizas que por la erosión continua parecen tortitas amontonadas siendo muy altas y formando columnas polimorfas en el mar. Hoy hicimos treks cortitos porque los pies se notaban, como el Truman track que atravesaba el bosque hasta una playa solitaria rodeada de cavernas, y algún mirador más. Todo esto acompañado de nuevo por un sol radiante hacía de esta carretera costera una gozada.
Por la tarde llegamos al pie del Glaciar Franz Josef con ganas de explorarlo mañana (en bañador…jejeje) todo lo que podamos. Topamos con el juguetón loro alpino (Kea), que cuando se aburrió de nosotros se las piró.

Es curioso poder visitar un bosque tropical y tener a 300 metros del nivel del mar, un glaciar, y a falta de uno, vemos dos, el Franz Josef y el Fox . Estamos a sólo 20km de la costa y estos 2 glaciares separados por una montaña son imponentes. Han retrocedido mucho con los años, te lo marcan y ves fotos, aunque del 1975 al 2000 tuvieron un ligero avance. Una vez más dedicamos el día a hacer caminatas, llegando hasta el final de la lengua de los 2 glaciares. Caminas por la base del río que sale del glaciar por un montón de piedras erosionadas por éste hasta tocar el propio hielo. Claro está, las prohibiciones del paso empezaban 80 metros más atrás, pero estando tan cerca te dan ganas de tocarlo. Tuvimos suerte de hacerlo a primera hora de la mañana ya que a la vuelta parecía Las Ramblas. Sin duda alguna ha sido unos de los treck más pintorescos que hemos realizado. Tenía muchísimas expectativas acerca de esta zona, y fue este el primer impacto que me dio.
Después rodeamos el lago Matheson por un camino entre el bosque, que ofrecía vistas de los picos más altos de los Alpes del Sur (monte Cook y Tasman de unos 3000m).
A partir de aquí seguimos en ruta por el sur viendo algunas bahías de playas salvajes con un sol de atardecer que las hace aún más bonitas. Nos sigue impresionando todo lo que vemos, el paisaje es increíble.

jueves, 8 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Norte (última parte)




Después de haber hecho nuestro reto de 17 km de travesía alpina, nos levantamos a cuatro patas, pero con una sonrisa tatuada en la cara. Pues no conformistas, nos dirigimos a recorrer la otra cara del Parque Tongariro, para seguir la trilogía del Señor de los Anillos, queriendo visitar uno de los escenarios, por suerte nos equivocamos de track, e hicimos otro más largo pero que finalizaba en una cascada de unos 40 m, en fin será por caminos y cascadas en Nueva Zelanda.

El día era soleado y las vistas de la montaña hoy eran preciosas. Tras visitar la estación de esquí que era más bien pequeña en comparación con las nuestras y hacer una monoguerra de bolas que solo iban en una dirección (Sara no sacaba las manos de los bolsillos, ni para coger un billete de 50 del suelo), pudimos ver la cascada protagonista de la escena donde Gollum pescaba con toda su delicadeza a zarpazo limpio.

De camino a Wellington hicimos las paradas de rigor (echar gasolina, comprar comida, robar wifi a los vecinos, contar ovejas, etc…) y nuestra llegada a la ciudad nos sorprendió, ya que acostumbrados a los pueblos atravesados como calle principal la autopista, nos desbordó ver edificios, rascacielos del centro de negocios, y una arquitectura diferente al resto del país. La compararíamos con San Francisco, cosmopolita, con estilo victoriano, calles en cuesta, y colinas salpicadas de casas.

Decidimos dormir en un mirador en el monte Victoria que contempla la toda ciudad y claro está punto de encuentro de picadero, así que no sé que noche nos espera y no solo por el viento, (este viento es provocado por la canalización de corrientes de aire a través del estrecho de Cook).

Por la mañana nos sigue sorprendiendo esta ciudad (en mi opinión ideal para perderse un largo tiempo y pedir un visado de trabajo). Esta ciudad a prueba de terremotos nos ha dejado con un buen sabor de boca. Hemos decidido madrugar para visitar al museo “Te Papa”, este es una de las cosas bien montadas y gratuitas, por lo que nos perdimos entre sus salas unas cuantas horas, dedicando el resto de la tarde para conocer la ciudad.
Más tarde, decidimos marchar ahora en dirección norte para ver y patear el volcán Egmont, situado en la costa oeste de la isla.

Al final el día ha sido productivo, a pesar de la mala suerte con la que hemos dormido y despertado. Para empezar en mitad de las noche nos dimos cuenta que dormíamos en una nevera, a menos de 0 grados, esta casa con ruedas pasa a ser un combi con cubitos de hielo incluido, y si no fuera poco el frío que cortaba la respiración, durante toda la noche estuvo granizando, así que en vez de dormirnos con música de ambiente, dormimos con el sonido que hacen las palomitas cuando ya están ¡¡¡ é incluso el ruido del viento imitaba a la erupción del volcán,…, volcán que si vosotros no lo habéis visto…nosotros tampoco, a pesar de haber llegado menos de un kilómetro de él. Luego nos enteramos que había sido la noche más fría en 25 años….no, si tenemos una suerte! Por la mañana, estaba totalmente cubierto de niebla, con la complicación de que el asfalto era hielo, y nevando cada vez más fuerte en su intento de ascenso, decidimos cuando “la tronco flower” empezó a hacer break-dance, conformarnos con ver el volcán en fotos. Dicen que es muy parecido al de Japón (fuji), y por eso se había rodado unas cuantas escenas del El último samurai.


Tras este chasco emprendemos la marcha de regreso a Auckland, pasando antes por las cuevas de (con guía en mano) Waitomo. Esta cueva se colapsa de turis para ver las formaciones de caliza y su plaga de glowworms (gusanos de luz), es una buena alternativa para ser fascinado por la naturaleza. Los glowworms miden 1 o 2cm y solo existen en Australia y en las 3 única cuevas que hay en Nueva Zelanda, así que había que verlos. Podemos afirmar que ha sido el cielo estrellado más increíble que hemos visto. La ambientación de la cueva con sus estalactitas y estalagmitas, navegando sobre un río subterráneo y ver a esos millones de gusiluz azulados brillando en diferentes planos logrando una profundidad visual,…, no ha tenido precio el poder ver este perdido escenario a 15 metros bajo el nivel del mar. Atraídos por unos conejos de angora del tamaño de Foc (perro precioso de Sara), fuimos a ver como les esquilaban como ovejas en una máquina que parecía de torturas y hacían jerséis con su pelo. Me riñeron por tirar yo el pelo de Lore cuando se lo corto…así que viendo el negocio, a venderlo!
En Hamilton hacemos noche para visitar en la mañana unos jardines ambientados en diferentes países. Los jardines no nos dejan mal sabor de boca (posiblemente porque es lo único que tiene de turístico la ciudad, y median por cuidarlo).

Sin prisas ni pausa regresamos a Auckland dejándonos el último día para recorrer el centro neurológico de la ciudad, que a parte de la torre que fue el edificio más alto del hemisferio sur poco más tiene que ofrecer. Finalmente nos acercamos a la costa del mar de Tasmania, donde nos encontramos con salvajes playas volcánicas. La noche la decidimos pasar en una de estas desiertas playas, y atiborrarnos de la comida restante, una cena bastante especial, por la diversidad y por la elaboración. Nota: Subimos a la cacho roca de la foto de la playa final, las vistas valían la pena!


La isla norte ya la abandonamos tras haber recorrido 3200 kilómetros, nos vamos a la sur, nuevo destino grabado en los ojos, seguimos creyendo en nuestra aventura que nos pone frente a frente días diferentes, recomenzar un nuevo camino, a merced del tiempo, del clima, de los gastos, y de nuevos caprichos.

martes, 6 de octubre de 2009

Tsunami en Samoa.









Solo comentar como nos ha impactado la tragedia del tsunami de Samoa. Justo 2 semanas después de irnos ha sucedido esto, siendo un lugar en el que nunca ocurre nada…Nos hemos puesto en contacto con la pareja que nos alojó el primer día y nos han dicho que toda la zona de playa con las cabañas donde estuvimos está arrasada, no ha quedado nada. Nos ha impresionado mucho ver fotos, porque está todo destruido. Así lo hemos leído: “Upolo, la segunda mayor isla de Samoa occidental, alojaba varios complejos hoteleros repartidos por unas 70 aldeas, que fueron destruidos en su totalidad por el seísmo y el posterior tsunami.” Somos muy afortunados.  Subimos unas fotos justo de los lugares donde nos alojamos y como han quedado ahora. En el siguiente link tenéis un video, http://www.youtube.com/watch?v=eQPAjuBnOqk

Estas imágenes corresponden a los lugares donde estuvimos.

sábado, 3 de octubre de 2009

Nueva Zelanda Isla Norte (2ª Parte)


Como bien Fran, nos sobrenombra, seguimos con otro capitulo de nuestra telenovela...

Bien, espectacular playa. A parte de quemarte los pies con solo incarlos en la arena era interesante ver a decenas de personas cavar como buscadores de oro. Nosotros naturalmente esperamos a que nos hicieran la pisci para meternos disimuladamente. Evidentemente éramos los que cortábamos el pastel. El agua salía muy caliente y cuando la marea subió te destrozaba la piscina pero estuvo divertido aunque poco idílico por la compañía masiva de turistas.

Proseguimos unos km para visitar la “Cathedral Cove”. Es la playa de la foto con la cueva y de arena blanca con una roca en el agua….dicen que es de las más bonitas de la isla.
En estas caminatas para llegar a playas escondidas te esperas ser atacado por un tiranosaurio Rex al ver tal densidad de plantas y árboles. Nos hemos enterado que el kiwi es un animal nocturno así que como no haya uno con el sueño trastocado me parece que no lo veremos por nuestros propios medios.

A parte de cazadores de kiwis diurnos nos estamos sacando el master en cazadores de wifis by the FACE y al entrar en los pueblos vamos con la furgo en plan equipo A (1 adelante y el otro atrás) buscando la wifi de algún despistado.
 

Decidimos hacer noche en la ciudad (Rotorua), al habernos metido miedo en el cuerpo en una parada, para ver cascadas, el sitio era tan tétrico, con cuevas y cascadas, que sabíamos que nuestra imaginación nos haría pasar mala noche, por lo que finalmente decidimos estar arropados por la civilización. Y grata sorpresa que al despertar habíamos aparcado tan cerca de un campo de fútbol, que la furgo la podían utilizar de valla publicitaria. 

En Rotorua después de ducharnos (por si alguien lo dudaba), nos informamos de todas las actividades posibles. Los parques están rodeados de fumarolas y diversas actividades volcánicas, incluido el olor, para este sentido tengo la anécdota que nada más entrando a la ciudad, Sara con toda su sinceridad me preguntó si me había relajado, y dejado llevar por la emoción,…., claro esta mi respuesta fue abrir la ventana para que tuviera su propia respuesta. Cierto es que cuando llevas unas horas en la ciudad el sentido del olfato deja de funcionar y te acostumbras por suerte. Pudimos visitar parte de un poblado maori, aunque de autentico tenia poco, se han modernizado demasiado, les llegas a ver con sus tatuajes originales de guerra, pero vestidos de O`neill y son su ipod en la mano, son cosas muy curiosas de ver que te sorprenden. Ventajas de ser un pais bicultural.


Siguiendo a por el kiwi,aquí vivimos otra aventura, ya que los únicos que hemos podido ver eran disecados, aún en un sitio pagando (quien dice pagando, dice metiéndose por la puerta de empleados). En fin creemos que son el punto publicitario para que los turis entren en estos lugares, ya que todo es una atracción alrededor de esta ave sin alas, y para ser realistas en las fotos aparecen super tiernos que te dan ganas de regalarte uno para tu cumple, pero en realidad son tan grandes como un gallo, pero sin alas y un pico desproporcionado, así que de animalitos simpáticos nada de nada. Tras nuestra nueva desilusión de no haber podido ver el kiwi, ni en su recinto nocturno de 4x4m, nos deleitamos con la diversidad de animales que quedaban. Quien conozca la historia del tucán de Costa Rica, al cual LA AMANTE de la naturaleza, Sara le atranco una galleta de mantequilla entre pico y pico…, aquí se repite la historia con el Kea, que es un juguetón loro alpino, pues bien, se le ocurrió darle para jugar un pañuelo con su contenido, así que el listo del loro, decidió cogerlo e incubar todos los microorganismos de mi constipado en su nido,…, puedo afirmar que de esta noche no pasa. El reto de ver el kiwi se postpone pero no olvida.


El día siguiente amaneció medio soleado y reemprendimos nuestra marcha hacia el sur visitando el parque  termal de Wai O Tapu. Aquí pudimos ver un geyser en acción de varios metros de altura, el “Lady Knox”, lagos humeantes de diferentes colores, cráteres y fumarolas con barro burbujeante. Todo el entorno volcánico era prehistórico y el recorrido muy interesante.

 Desde aquí pasamos por el lago Taupo, el más grande de la isla norte, donde la actividad térmica le suministra energia a la ciudad. Pudimos ver cascadas y dimos un paseo largo por el bosque y siguiendo el curso del río que estaba lleno de rápidos.


 Dejando atrás el lago entramos en la zona del parque nacional del Tongariro. Es un parque patrimonio de la humanidad con 3 volcanes e incluso una pista de esquí en lo alto de uno de ellos. Aquí se filmaron las escenas de Mordor del Señor de los Anillos así que tenemos ganas de hacer una buena excursión por estos parajes inhóspitos.Nada más llegar notamos que la temperatura es mucho mas baja pero nos instalamos en un camping con agua caliente, cocina-sala y toma de corriente para poder dormir calentitos.

El Tongariro crossing es la travesia alpina más realizada en Nueva Zelanda pero debido a la nieve y condiciones meteorológicas no la pudimos hacer. Nos aventuramos a hacer una travesía alternativa muy parecida pero sin las vistas panorámicas que llega a 2 lagos volcánicos azulados y en la que podemos apreciar el paisaje volcánico de la zona. Son ni mas ni menos que 17km y 6 horas de andar como Frodo y Smigol con anillo incluido. El dia estaba nublado pero a las 8 de la mañana ya estábamos a punto con más capas que unas cebollas y doble calcetín (debido a nuestro escasa ropa de otoño/invierno). A medida que ascendíamos fue empeorando con amenaza de lluvia, pero ya que estábamos en  marcha, no quisimos pensar en las consecuencias. Todos los caminos están muy bien conservados aquí con pasarelas de madera y todo pero eso no quitó que los 2 patináramos más de una vez por el barro y yo (Sara) metiera la bota en el río. Al final con un viento terrible alcanzamos las cimas y valió mucho la pena. Llegamos cansados pero contentos porque empezaba a llover y apenas nos mojamos.
 

Otra curiosidad!!! El único producto importado de España que hemos encontrado y catado, es “La Sangría”, pero a precio de un Marques de Riscal, por suerte su efecto fue el esperado.

Ya una vez terminado de escenificar The Lord of de Rings, volvimos a nuestro campamento base a ducharnos y dormir como auténticos lirones.

Seguiremos con nuestro sueño, como dice uno que yo me sé.