Cuando la nada lo absorbe todo, aferrarse a un pensamiento, por estúpido que sea, puede constituir la diferencia entre caer o vencer. En ocasiones son esos pequeños detalles aparentemente absurdos, esos que se acumulan, los que se quedan tatuados en la memoria. Una frase, una sonrisa, un instante de complicidad. Atesoro pinceladas, trazos aparentemente insignificantes. Elegir el momento y quedárselo para siempre.
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